¿Qué significa ser profesionales responsables de los medios de comunicación en un espacio mediático del que ya no estáis a cargo? Y ¿Cómo ganarse la vida haciéndolo?
El único modo de aprovecharse del espacio mediático y participar en el espacio de comunicación interactivo es soltar las riendas. Eso está bien. Aquellos de vosotros que soltéis vuestro control de los medios os convertiréis en los líderes reales de esta industria en el Siglo XXI.
De entrada tenéis que cambiar vuestra misma definición de los medios. En los viejos buenos tiempos -antes de que ninguno de nosotros hubiera nacido- lo que constituían los medios era decidido por personas poderosas instaladas en los áticos de grandes edificios. Hombres como el magnate de la publicación William Randolph Hearst mantenían con garra férrea sus imperios mediáticos y tenían el privilegio de decidir que era lo que iban a recibir sus lectores. Los políticos les cortejaban y suplicaban su apoyo en la última guerra o en la política del gobierno.
Mientras tanto, los departamentos de comunicación de las universidades de todo el mundo enseñaban a sus alumnos los principios de lo que llamamos “medios de comunicación de masas”. No enseñabana cómo dar poder a las masas para que utilizaran los medios. Los medios de comunicación de masas eran el estudio de como controlar a las poblaciones mediante el uso de la programación dominante. Por ello se le llama, después de todo, “programar.” Finalmente se desarrolló como ciencia de la publicidad.
Cuando la capacidad de imprimir y difundir mensajes estaba en manos de unos pocos, el poder de uno estaba determinado por la cantidad de medios que podía controlar.
Aproximadamente en la década de los años sesenta, cuando casi todos los hogares de América tuvieron un televisor, dio la sensación de que el control absoluto de los medios sobre la sociedad era algo inevitable. Pero entonces sucedió algo extraño. Los medios se volvieron tan ubicuos y mundiales, que dejaron de poder ser controlados de forma absoluta.
Programas de televisión, sin censura, sobre las atrocidades de la guerra del Vietnam fueron vistos en todas las salas de estar de los Estados Unidos, alimentando las protestas anti-guerra.
La primera imagen de la tierra obtenida en el espacio exterior -un claro triunfo de la ingenuidad tecnológica americana- se convirtió en un icono para los hippies y desencadenó un movimiento ecológico.
A medida que las imágenes de la CNN o la MTV alcanzaron a gentes anteriormente aisladas tras el Telón de Acero, crecieron las expectativas sobre como debía vivirse la vida, haciendo que fuera imposible mantener regímenes totalitarios. En cierto sentido, Madonna derrumbó el Muro de Berlin.
Ninguno de estos rasgos democráticos de los medios de comunicación globales proporcionaron a aquellos situados en las áreas comerciales ningún motivo de alarma. Daba la sensación de que simplemente iban ganando nuevos mercados para sus programas y productos. Aunque la creación de unos medios de comunicación globales forzaron a las empresas a forjar alianzas globales, era un pequeño precio a pagar por llegar a todo el mundo.
Para las nuevas corporaciones globales y los conglomerados de medios de comunicación, se trataba como siempre de negocios, aunque a mayor escala. En realidad, en lugar de utilizar los medios para vender otros productos, los medios se convirtieron en el producto más deseado. En la Europa del Este y en Asia, un televisor se convirtió en un símbolo de estatus. Mientras tanto, en Occidente, la gente empezó a comprar todos los aparatos que llegaban al mercado: videos, fax, videocámaras, consolas Nintendo y, finalmente, ordenadores y modems.
Esta luna de miel entre la gente y las herramientas de los medios llevó a ciertas consecuencias inesperadas. A medida que estos aparatos se abarataban lo suficiente para llegar a manos particulares, empezamos a ver a gente real utilizando los medios para producir cambios sociales. Y lo hacían con una finalidad. Los estudiantes chinos que se manifestaban contra los líderes de su nación anunciaron su enfrentamiento con los militares en la Plaza de Tiananmen enviando faxes a todo el mundo. Un afroamericano que era golpeado por policías blancos en Los Ángeles fue grabado por una videocámara casera. A la mañana siguiente, las imágenes de la brutalidad se habían difundido globalmente. A los pocos meses, habían conducido a revueltas y motines en muchas ciudades americanas. Una web confeccionada por un desconocido columnista de chismorreos llamado Matt Drudge puso en circulación información que las revistas importantes habían censurado: la de que un Presidente americano tenía un lío sexual con una joven becaria. A resultas de ello Bill Clinton tuvo que someterse a una moción de censura en el Congreso.
Algo incluso de mayor importancia, estas herramientas interactivas transformaron el espacio mediático de ser una difusión en una sola dirección a un acontecimiento comunitario. La gente empezó a compartir información y visiones a través de las fronteras raciales, nacionales y religiosas. Un hombre de negocios de Nueva York, de cincuenta y cinco años, aprendió a construir su web siguiendo las directrices que le envió por e-mail un muchacho de catorce años de Tokyo. Los boletines electrónicos han permitido a la gente compartir información sobre cualquier cosa de su interés: desde recetas para el pastel de queso a fórmulas para los tratamientos alternativos de cáncer. La naturaleza esencial de los medios se ha transformado de ser un lugar para consumir programas preparados a ser un modo de comunicarse.
Los niños que crecieron en este entorno interactivo se convirtieron en una pesadilla para los especialistas en marketing. Los creadores de medios los denominaron la “generación X” porque no respondían a los mensajes publicitarios del modo en que sus mayores lo hacían. ¿Qué había sucedido con ellos? Utilizaban el mando a distancia para “surfear por los canales” alejándose de los programas que no les gustaban. No miraban un único programa durante más de unos minutos antes de pasar a otra cosa. Demasiado para los anuncios. Jugaban a videojuegos con los mandos de la Nintendo. Un acto que tal vez no parezca, en un primer momento, muy revolucionario; pero un niño que utiliza la televisión como un juguete no tiene la misma veneración por la imagen televisiva que teníamos nosotros. Sabe lo que es tener el control sobre los pixels. La imagen ha sido desmitificada.
Finalmente, el teclado del ordenador y el ratón convirtieron el monitor de la televisión en un portal para la autoexpresión juvenil. La gente joven ha crecido comunicándose a través de una pantalla que no parece muy distinta del televisor. Si elige sentarse en silencio para ver uno de nuestros programas, lo hace voluntariamente; con pleno conocimiento de que puede expresarse, también, a través de dicho monitor. Para ellos, es como escuchar la radio por un teléfono.
Tal vez, comprensiblemente, la primera reacción de aquellos que habían disfrutado previamente de un monopolio sobre los medios fue dar pasos hacia atrás. Un espacio mediático interactivo era un lugar que difícilmente se podía controlar, por lo tanto debía contenerse. Su primera táctica fue etiquetar esta revolución de la interactividad como algo muy distinto: una “era de la información.” Es una frase que suena bien ¿pero qué significa realmente? Ninguna comunicación. No, una era de la información pone su acento en el contenido: material que se puede comprar y vender. Esto era algo más aceptable para los hombres y mujeres cuyos negocios dependían de vender medios más que en dar simplemente poder a los seres humanos para que hablaran unos con otros.
Luego, intentaron convertir a Internet -un medio de muchos a muchos- en un buen canal de comunicación chapado a la antigua. Cogieron una aplicación muy concreta de Internet conocida como la World Wide Web e invirtieron todo lo que pudieron para convertirla en la interface dominante de Internet. ¿Por qué? Por que a diferencia de la mayoría de aplicaciones de Internet, la Web es básicamente estática. Se parece mucho a una TV o a una revista electrónica. No se puede hablar con ella, si no es escribiendo el número de la tarjeta de crédito y presionando el botón de “comprar“.
Por último, se tenía que hacer algo con la mentalidad interactiva que había infectado al consumidor de medios. Es la fase en la que estamos. Hablamos de crear páginas web “pegajosas” que puedan atrapar a los usuarios de Internet como si se tratara de moscas. La revista Wired nos dice que hemos entrado en una “economía de la atención” en la que el único recurso preciso es el número de minutos que una persona dedica a nuestros mensajes de marketing.
FUENTE: COERCIÓN, por qué hacemos caso A LO QUE NOS DICEN.
Mayo 2, 2008 a las 6:24 pm
Da la sensación de que el camino para conseguir el éxito en el mercado interactivo sea simplemente tener una “estrategia de salida”. Pero el modo de beneficiarse e incluso de disfrutar de este espectacular cambio en nuestra industria es desarrollar una visión a largo plazo. El objeto del juego no es hacer dinero rápido y salir, es tener éxito a largo plazo. El hecho de ir lento y sin pausa sigue ganando la carrera, no importa lo acelerado que vaya el chip del ordenador.
Lo que significa aprovecharse de las nuevas cualidades de los medios en lugar de resistirse a ellos. Los negocios online de más éxito en la actualidad no son aquellos que pretenden acorralar a los usuarios de Internet en páginas pagajosas solo para venderles productos. Son compañías como GeoCities, que permiten a los usuarios crear sus propias páginas web gratuitamente, unirse a grupos afines, que luego se venden sus productos favoritos y sofware unos a otros. Son páginas como E-Bay, que permiten que los individuos compren y vendan productos sin grandes costos de intermediarios.
(COERCIÓN, por qué hacemos caso A LO QUE NOS DICEN).
Mayo 2, 2008 a las 6:31 pm
Las compañías de más éxito considerarán a los medios interactivos del siglo XXI como una oportunidad de patrocinar y facilitar la comunicación entre personas de todos el mundo. Una compañìa discográfica que cree una página para que sus clientes compartan sus gustos musicales e ideas se verá recompensada convieriéndose en una marca reconocida en una medida que sencillamente no podría igualar con anuncios en televisión con un precio diez veces superior. Una línea aérea que creara, por ejemplo, una red que pudiera ser útil a los viajeros para calcular horarios de zona se vería recompensada cuando los clientes utilizaran esta misma aplicación para hacer reservas. Un detallista de juguetes que desarrolle juegos que los niños puedan jugar entre ellos online será el primer destino cuando llegue el momento en que ese mismo niño haga la carta a los reyes.
No es algo distinto a como creció la televisión en la década de los años cincuenta y sesenta. En lugar de interrumpir los programas con anuncios, los patrocinadores dejaban claro que eran ellos mismos el origen del espectáculo. Las marcas se volvían conocidas y caseras asociándose con los programas que producían. Cuando ello era posible, se aseguraban de que los programas reflejaran algunos de los valores de su propia imagen de marca.
(COERCIÓN, por qué hacemos caso A LO QUE NOS DICEN).
Mayo 2, 2008 a las 6:43 pm
En el espacio de Internet, empresa -sevicio- quiere decir más que imagen. Lo que facilita más a los comerciantes, a las marcas y a las compañías, patrocinar productos y servicios que casen mucho más con las necesidades de su clientela; lo que también hace que los clientes puedan escoger más fácilmente entre competidores a la hora de comprar. En lugar de gastar dinero en anuncios, las compañías pueden gastar dinero directamente en sus clientes. La ganancia está asegurada. Nuestro único enemigo real es la cobardía. En un espacio mediático interactivo, las estrategias de cualquiera salen finalmente a la luz. Cuando el presidente de un conglomerado de medios de comunicación, está de acuerdo en desconectar el servicio internacional de noticias de la BBC con el fin de conseguir un contrato para un canal satélite de TV en China, ello sacrifica la integridad a largo plazo de su compañía y su imagen pública por un negocio a corto plazo. Cuando una compañía aeroespacial con muchas acciones en una cadena de televisión fuerza a sus telediarios a eliminar una historia sobre los peligros del lanzamiento de un cohete, a largo plazo, solo se hace daño a sí misma. En Internet, millones de personas corren la voz así como difunden la política censora de la compañía. Hablando en plato, son malos medios de comunicación y malos negocios.
Como arquitectos y líderes del espacio mediático del futuro, es vuestro deber considerar la interactividad no como una amenaza sino como una oportunidad. Se trata de una oportunidad de generar tolerancia, suavizar la escena internacional, la violencia absurda, y a su vez ayudar a los que anteriormente carecían de voz a promocionar su identidad cultural como nunca lo habían hecho hasta la fecha. En el proceso, podéis ayudar a vuestros patrocinadores a que se asocien con algo más valioso que el valor de su marca. Gracias a vuestro trabajo, vuestras ideas y vuestro compromiso incansable con las necesidades reales, éstos pueden en su lugar fomentar los valores humanos.
(COERCIÓN, por qué hacemos caso A LO QUE NOS DICEN).